UNA PASIÓN QUE SE LLEVA EN EL ALMA

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Crónica rojinegra: FBC Melgar y su nueva cita con la gloria

Por Orlando Mazeyra Guillén

Escribo estas líneas en una cabina del centro de la ciudad porque no soy futbolista. Escribo estas líneas porque no estoy –como Gustavo Torres o Jesús Arismendi– en la concentración del FBC Melgar esperando el decisivo partido del domingo ante Universitario de Deportes. Escribo porque vuelvo a sentir que el corazón se me sale del pecho cuando las cosas le van mal a mi equipo, como durante casi todo el primer tiempo, en el estadio Nacional, el miércoles pasado. Escribo porque ahora recuerdo –sí, una vez más– la Liguilla Pre-Libertadores de 1992, con el equipazo de Freddy Bustamante, aquellos partidos que escuchaba por radio (cuando Cristal había hecho un “precontrato” con Julio Rivera y todos sabíamos que Torrealva se iría a Universitario) y terminaba llorando, habían desmembrado al Melgar. Escribo porque aquella vez, a pesar de tener un plantel notable, nos quedamos sin opción de jugar la Copa Libertadores de América. Escribo porque hace cinco años estuve, con mi novia y uno de mis mejores amigos, alentando a mi equipo para evitar que descienda de categoría: fue un 3-2 sobre Alianza Lima.

También escribo porque crecí amando el periodismo deportivo gracias al segmento “Vértebra Rojinegra” que conducía Pierre Marcel Manrique Valencia. Sí, se podía ser hincha y a la vez un buen periodista. Se podía aspirar a una mirada objetiva sin necesidad de ocultar de qué color era tu camiseta. ¿Por qué? ¿Para qué? Si uno siempre se hace primero hincha. Somos hinchas. Lo demás viene después. Mucho después.  Y, bueno, si uno –como es mi caso–  no tenía el talento suficiente como para llegar a jugar algún día por el FBC Melgar entonces podría apostar por el periodismo como forma de estar en la grada, en los entrenamientos, en las ruedas de prensa. En fin, estar siempre cerca de mi primera pasión, la más intensa de todas: el fútbol.

Escribo porque quisiera volver al parque Paul Harris de la urbanización La Arboleda –debajo del Puente de Fierro–, donde jugaba a la pelota rodeado de limeños, todos ellos eran hinchas de la U, Alianza o Cristal. Sólo los arequipeños éramos hinchas del Melgar: aquel equipo al que yo nunca había visto salir campeón y sobre el que se hacían bromas por sus malos resultados. Sí, “equipo de media tabla”, por ejemplo. Sí, de media tabla, pero con el corazón siempre en el primer lugar, en lo más alto. Tuve que ahorrar durante más de medio año para poder comprarme en “La Gran Vía” mi primera camiseta del Melgar: y nunca podré explicar lo que sentí cuando me la puse por primera vez.

Escribo porque cuando, en diciembre del año pasado, Bernardo Cuesta le metió el agónico gol del 3-2 a Cristal sentí que por fin alguien me había cumplido aquel sueño acariciado desde la más tierna infancia: marcar el tanto que le dé el título nacional al Melgar. ¿Qué trato de decir? Que yo soy Bernardo Cuesta, él representa de forma cabal mis colores y mis pulsiones: es el capitán, es mi capitán (y lo seguirá siendo mientras Ysrael Zúñiga siga lesionado). Todos somos Ysrael Zúñiga y Omar Fernández, todos los hinchas rojinegros somos Melgar, porque daríamos lo que fuera por saltar al terreno de juego junto a ellos y poner todo, o hasta lo que no tenemos por ver campeón otra vez al equipo melgariano.

Escribo porque John Galliquio, al enterarse de que su rival sería el cuadro arequipeño, dijo: “Para alcanzar la gloria hay que jugar con el más grande y Melgar es el más grande”. Bien, John, me gustó esa frase. Es magnífica y, sobre todo, certera. La expresó alguien que conoce el equipo desde adentro. Eso me gusta: un futbolista 100% profesional como el defensor iqueño que estuvo la temporada pasada en el equipo. Nada que ver con Ruidíaz y su mediocre paso por Arequipa que permitió el retorno del hijo pródigo: el nueve rojinegro, el goleador. Un Cuesta que sabe que el estadio Monumental Arequipa es el patio de su casa, o “su lugar en el mundo”, como sentenció un periodista de la capital.

En la final del año pasado, Galliquio tenía todo listo para los festejos con una enorme botella de champán, salimos campeones pero el defensa no podía quitarle el corcho a la botella. Y estábamos dando la vuelta olímpica y la botella seguía sin poder echar espuma. Esa botella, John, es para este domingo ante tu equipo: Universitario. El más grande del fútbol peruano ratificará su triunfo en Lima y pasará a la gran final para revalidar el título.

Un periodista limeño, al finalizar el partido ante la U, le hizo un comentario provocador a José Carlos Fernández: “A Universitario nunca hay que darlo por muerto”, le advirtió y el delantero rojinegro, autor de un golazo de cabeza gritado con la furia de todos los hinchas arequipeños le lanzó una respuesta contundente: “A Melgar tampoco”. El gol casi madrugador de Galliquio les hizo creer a los merengues que seríamos un equipo fácil de vencer. Pensaron que nos iban a “camisetear”. O algo así. Y ahora Challe, desesperado, sale a decir que la U es un equipo que sabe jugar finales y que los cremas ganarán en Arequipa por 2 a 0. No le queda de otra. Manotazos de ahogado. O a punto de ahogarse.

En la vereda de enfrente, Juan Máximo Reynoso, mantiene al perfil bajo. No habla con la prensa –fiel a su estilo–, sin embargo sus jugadores hablan por él: “faltan 90 minutos”, “nada está dicho”, “esto es fútbol”,  etcétera. Yo, que no soy jugador ni periodista, sí me animo a decir que vamos a clasificar porque desde hace tres años estamos fogueando a un plantel para acostumbrarlo no sólo a jugar finales, sino a ganarlas.

Pero surge la pregunta: ¿Y si no ganamos? ¿Y si la U da el batacazo en Arequipa? No pasa nada. Porque cuando se pone todo no hay nada que reprochar. Me quedo con una imagen del miércoles: Miguel Trauco llenando de insultos a Cuesta, provocándolo. A pesar de la amarilla recibida, Bernardo Cuesta le dejó en claro que no somos menos y que estamos haciendo historia. Melgar tiene hambre de gloria, quiere volver a la Copa Libertadores a limpiarse la cara. Y yo sólo espero poder decirle, más allá del resultado, a Cuesta: “Oh, capitán, mi capitán: el barco capeó los temporales, el premio que buscamos se ha ganado”. Vamos, rojinegros. Vamos, Melgar: “por ti claman, la inquieta masa a ti se vuelve ansiosa”.

Escribo, decía, porque no estaré el domingo en el terreno de juego. Estaré en la grada alentando al equipo que une a mi pueblo, el que hace que me confunda en un abrazo de júbilo con mi hermano, la camiseta que mi padre me enseñó a querer desde niño. Y yo la quiero porque si soy del Melgar estaré siempre con papá. FBC Melgar, eres mi vida y me remites a lo que más amo: mi parque, mi gente y, sobre todo, mi familia.

Escribo porque ya es de tarde en la cabina y afuera veo a gentes con los colores de mi equipo. Escribo porque espero con urgencia la tarde del domingo. Y los domingos por la tarde, sin el Melgar en la cancha, no tendrían mucho sentido.

Escribo porque quería hablarles de esta pasión que llevo en el alma.



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2 thoughts on “UNA PASIÓN QUE SE LLEVA EN EL ALMA

  1. Alfredo urrutia

    Mis respetos Orlando, trajiste recuerdos muy parecidos a tus vivencias por eso somos melgarianos, gracias.

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