PERU: LIGA 1 - FASE 1
FASE 1 - FECHA 1
Israel apunta a los Juegos Olímpicos de Tokio liderado por una pareja que rompe barreras. Una historia de amor en el gólbol une culturas diferentes en Israel en tiempos de conflicto.
Israel ya ha conseguido 24 plazas para Tokio y espera lograr un puñado más antes de que inicien los Juegos Paralímpicos este verano. El equipo incluirá al tirador Doron Shaziri, que ha ganado cinco platas Paralímpicas y tres bronces a lo largo de una carrera que abarca siete Juegos Paralímpicos. Pero una de las historias más destacadas para Israel se encuentra en el gólbol. Ilham Mahamid Rozin es la capitana del equipo israelí y una de las pioneras de este deporte para mujeres en su país. La atleta musulmana está casada con Michael Rozin, judío y capitán del equipo masculino de gólbol. Se conocieron en un campamento deportivo cuando ambos se encontraban en la universidad en Jerusalén en 2008.
“Nos enamoramos a primera vista”, dice Mahamid. “A pesar de no hablar el mismo idioma, tratamos de comunicarnos. Germinó en mí el deseo de aprender hebreo”. Rozin dice que en el torneo en que se conocieron Mahamid estaba bastante triste. No tenía muchas amigas en la concentración y tenía dificultades para comunicarse. “Estaba triste. Traté de consolarla”. Mahamid dice que él dio un paso al frente. “Michael fue el único que vino a hablarme. Trató de hacerme sonreír, y supe que era amor verdadero”. Aunque sus culturas diferentes no eran un problema para ellos, no todos a su alrededor estaban contentos, especialmente en los primeros momentos. “En el camino hemos tenido dificultades y conflictos con nuestros padres y con la comunidad”, dice Rozin.
Lidiar con la adversidad no era nada nuevo para Mahamid. Cuando tenía tan solo unos pocos meses se le diagnosticó una enfermedad ocular llamada acromatopsia, conocida comúnmente como daltonismo. Mahamid tiene alta sensibilidad a la luz y de joven, a pesar de que amaba el deporte, no tenía permitido participar en las clases de educación física debido a su débil visión. A los 15 años escuchó acerca del gólbol para atletas con discapacidad visual. “Busqué a uno de los entrenadores y le pregunté si podía participar. Me dijo que no había chicas. Israel no tenía ningún equipo femenino (en ese momento). Pero sí había equipos alrededor del mundo. Así que empezamos a buscar mujeres para armar un equipo. Fui la primera en poner las cosas en marcha”.
El equipo ha dado grandes pasos desde entonces. En 2015 la selección femenina israelí ganó los IBSA World Games (Juegos Mundiales de la Federación Internacional de Deportes para Ciegos) y clasificó a los Juegos Paralímpicos de Río 2016. “Perdimos en cuartos de final en Río. Ahora estamos esperando a Tokio 2020 para cumplir otro sueño. Nuestra meta es estar en el podio”. Si el equipo resulta victorioso, Mahamid no tendrá ningún problema como atleta musulmana de celebrar con sus compañeras detrás de la bandera israelí, algo que ya ha hecho en el pasado. “Primero que nada, pienso que el deporte es una cosa pura y que no hay necesidad de mezclar política y deporte”, dice y agrega: “Estoy muy orgullosa como atleta de representar a mi país. Tenemos un objetivo como equipo, que es ganar cada competencia en la que estemos. Sabemos que la única forma de lograr eso es si trabajamos juntas como equipo y nos complementamos unas a otras”.
Uno de sus momentos de mayor orgullo fue marcar el primer gol de Israel en los Juegos Paralímpicos de Río. “Mi historia demuestra que nuestras dos culturas pueden convivir”, remarca Mahamid, agregando que la gente necesita comprender y respetar más las diferencias. “Demostré a la gente en todo el mundo cuando me juzgaban por ser árabe musulmana o por tener una discapacidad y decían que no podía hacer las cosas, demostré que puedo”.
Ahora, a los 31 años, Mahamid expresa que el gólbol, que se juega con un antifaz, le dio renovada confianza y le cambió la vida dentro y fuera de la pista. “El gólbol es el juego que me dio ―sin ver nada porque nuestros ojos están cerrados― la habilidad de ver que puedo hacer cualquier cosa”. Obtuvo un máster universitario, algo que no hubiera soñado antes de descubrir el gólbol.
Es un mensaje que le gusta compartir con otros ahora que, además, es madre. Diez años después de conocer a Rozin, el amor de su vida, se casaron en 2018 y tienen un hijo de un año y medio de edad, Amir. “Siendo una atleta consumada y además madre, debo ser un ejemplo para todos los atletas jóvenes, en especial las chicas, e inculcarles los valores del trabajo en equipo ― de plantearse metas y trabajar tan duro como puedas para alcanzarlas y nunca rendirte”. En la opinión de su marido, siempre supieron que estaban destinados a estar juntos. Mahamid opina lo mismo. “Ahora tenemos un niño precioso. Amir es lo más preciado para nosotros y el símbolo de nuestra victoria en el amor”.
Fuente: Tokyo 2020 - Teddy Katz
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