23 de setiembre, 2020.- Bryson Dechambeau se quedó con el US Open, el segundo mejor del año.
El US Open coronó a Bryson DeChambeau, el golfista que en apenas cuatro años de profesional ha pasado de abrazar la ciencia a centrarse en la fuerza. De enterrar bolas en sal epsom para comprobar si el centro de gravedad es el adecuado o mirar partes de presión atmosférica, a volcarse en un proceso nutricional y levantamiento de pesas en el invierno pasado para ganar unos 12 kilos de musculatura, aunque él sólo reconoce unos 9, con el único objetivo de imprimir más velocidad al palo y ganar así muchas más distancia.
Con hierros cortos en sus manos, a pesar del espeso rough, no tuvo excesivos problemas para exprimir sus bíceps y llevar la bola al green, donde se siente como en un laboratorio. Se ha aprendido cada nervio de los rápidos y pelados greenes de Winged Foot. Mucho más seguro que Wolff, que había arrancado con dos golpes de ventaja, Bryson sólo necesitó cumplir pares para, por inercia, rebasar a su rival. El único intercambio de golpes fue en el 9. Al eagle del DeChambeau, contestó con otro. Fue el canto del cisne. A partir de ahí entró en barrena. Sólo DeChambeau pudo con el monstruo.
Después de ocho victorias con el triunfo en el USOpen, a DeChambeau ya no se le puede considerar como un snob. Despertó comentarios jocosos cuando, en sus comienzos entre profesionales, mostró su inquietud por la ciencia aplicada al golf en conceptos que no se habían tenido en cuenta como saber la densidad del aire, entrenarse en hipoxia para trabajar mejor bajo presión o usar un compás durante las rondas de entrenamientos para detectar hasta el más mínimo detalle en los greenes. Se dice que su coeficiente intelectual es de superdotado.
El golf coronó a un trabajador obsesivo, de los que puede pasar 10 horas en el campo de golf entre entrenamiento, competición y vuelta a reajustar lo que ha fallado.
Foto: Gregory Shamus/Getty Images
