13 de octubre, 2020.- La carrera del tenista Sam Schröder vive su mejor momento; ya que el mes pasado obtuvo la mayor victoria de su carrera: ganar el Abierto de Estados Unidos; gran triunfo previo a las Olimpiadas a celebrarse en Tokyo el próximo año.
Si bien su camino para ser parte de la próxima generación de jugadores destacados no fue el más fácil, estas son las experiencias que, según el deportista, lo han convertido no solo en la persona que es sino también en un mejor jugador: "Siempre he tenido que estar mucho en el hospital, así que siempre echaba de menos la escuela", dice el atleta holandés, que nació con el síndrome mano partida - pie partido y se sometió a 30 cirugías antes de cumplir los 16 años. “Creo que tuve una vida bastante inusual, pero siempre fui feliz", afirma. “Más tarde también tuve un cáncer y toda la experiencia... creo que me ayudó como persona pero también como jugador cuando estoy en la cancha".
El primer contacto de Schröders con el tenis se produjo cuando tenía 11 años. Probó varios deportes en silla de ruedas, desde hockey hasta baloncesto e incluso ciclismo de mano, pero fue el tenis en silla de ruedas lo que más le gustó: "Después de la primera lección de tenis seguí adelante porque fue muy divertido para mí y realmente lo disfruté. Por eso me mantuve firme después de la primera lección y no miré hacia atrás", dice a Tokio 2020. Después de la quimioterapia y la radiación, en marzo de 2018 se le dio luz verde para someterse a una cirugía para extirpar su colon, lo que resultó en el uso de un estoma, que le ayudó a seguir jugando al tenis. Sin embargo, nunca hubo un momento durante su tratamiento en el que Schröder pensara en dejar el deporte: “Fue durante la primera consulta que tuvimos con mi médico... dijimos 'pase lo que pase, me recuperaré de esto y podré jugar al tenis'. Era lo más importante para mí”, finaliza.
